Acabamos en Valencia casi por casualidad.
Valentina cocina lo que le enseñó su abuela — con alguna que otra desviación, seamos sinceros. Paolo elige los vinos, explica los platos y a veces se pasa con los maridajes. La carta la escribimos por la mañana, después de pasar por el mercado del Cabanyal. Si no había nada bueno, todo cambia.
No es un restaurante italiano. Es un restaurante piamontés. La diferencia la notaréis en el primer bocado.